Entro en el parque y saludo efu-sivamente al cuerpo de bomberos. De repente suena la alarma de emer-gencia. El jefe se disculpa porque deben salir a realizar un servicio. Asiento con la cabeza y me aparto del camino. Entonces me maravillo con la precisión de sus acciones. Parece que estén protagonizando una superproducción de Hollywood. O que se dispongan a apagar el mayor incendio de todos los tiempos. Después uno de ellos me cuenta que lo que ha pasado es que una anciana obesa no puede bajar las escaleras de su piso. Los veo correr a todos atléticamente como si les fuera la vida en ello. Se enfundan en sus trajes y el camión arranca. Algunos de ellos se cuelgan del vehículo cuando éste ya está en marcha. Me saludan con la mano y esbozo media sonrisa vergonzosa. Me prometen que no tardan y yo les grito que no se preocupen. Que de aquí no me muevo. Tanta virilidad me deja exhausta y me siento en las escaleras de la torre de control. Pienso que en los tiempos que corren ser bombero no es ninguna mala idea. Que las cosas se queman igual que siempre y que la gente necesita ayuda sea como sea. Y que ellos deben dormir arropados por el orgullo. Así que saco mi libreta de notas y apunto bombero para alguna otra vida. Le pido a Prince que este fin de semana me lleve a su refugio. Que encienda la hoguera para calentarnos y para embrujarnos con el baile de las llamas. Quizás allí descubramos más de un secreto.
lunes 9 de febrero de 2009
¡FUEGO!
Entro en el parque y saludo efu-sivamente al cuerpo de bomberos. De repente suena la alarma de emer-gencia. El jefe se disculpa porque deben salir a realizar un servicio. Asiento con la cabeza y me aparto del camino. Entonces me maravillo con la precisión de sus acciones. Parece que estén protagonizando una superproducción de Hollywood. O que se dispongan a apagar el mayor incendio de todos los tiempos. Después uno de ellos me cuenta que lo que ha pasado es que una anciana obesa no puede bajar las escaleras de su piso. Los veo correr a todos atléticamente como si les fuera la vida en ello. Se enfundan en sus trajes y el camión arranca. Algunos de ellos se cuelgan del vehículo cuando éste ya está en marcha. Me saludan con la mano y esbozo media sonrisa vergonzosa. Me prometen que no tardan y yo les grito que no se preocupen. Que de aquí no me muevo. Tanta virilidad me deja exhausta y me siento en las escaleras de la torre de control. Pienso que en los tiempos que corren ser bombero no es ninguna mala idea. Que las cosas se queman igual que siempre y que la gente necesita ayuda sea como sea. Y que ellos deben dormir arropados por el orgullo. Así que saco mi libreta de notas y apunto bombero para alguna otra vida. Le pido a Prince que este fin de semana me lleve a su refugio. Que encienda la hoguera para calentarnos y para embrujarnos con el baile de las llamas. Quizás allí descubramos más de un secreto.
sábado 31 de enero de 2009
EL PAÍS DE LAS MARAVILLAS
Me estiro en el suelo y Moira tiende una pequeña almohada con esencia de lavanda encima de mis ojos. Todos, a la vez, hacemos una respiración honda y nos sincronizamos. La luz es tenue y la habitación huele a resina y a romero. Moira nos susurra y nos guía. Dice que hay que conseguir salir de uno mismo, observarse y luego ubicarse en ese espacio que se crea entre pensamiento y pensamiento, justo ahí dónde existe la nada, el silencio. Y después dejarnos caernos en el pozo dónde reina el vacío, la no existencia. Luego siento como una dorada lluvia de purpurina me baña el cuerpo. Y la verdad es que no hay nada más sensual que eso. Entonces y durante un rato no pasa nada o pasa todo. Cuando vuelvo a existir siento como un relámpago de euforia me electriza y mi metrónomo interno palpita al compás. Salgo a la calle y las energías de todas las personas que veo me atraviesan, me esquivan, me liberan, se me pegan. Esta semana necesito entretenerme. Así que veo a mis amigos para que me cuenten cosas y para qué me definan qué es el amor según ellos. Y después de largos suspiros, logran hipnotizarme con sus palabras y yo los escucho a todos con avidez. Y me miran y me repiten que lo único que tengo que hacer es creer en el otro. Que el amor va de eso. Y supongo que tienen razón. Luego nos perdemos y acabamos en la playa mirando el mar. Y parece un recipiente lleno de almas perdidas. Pero esta noche no hace nada de frío.
domingo 25 de enero de 2009
DOMINGO CON AURICULARES
Me paso el domingo paseando y enganchada a estos auriculares gigantes que le he robado a Prince cuando no miraba. Así que solo escucho lo que quiero y me entretengo con el más mínimo detalle acústico. Se me ocurren cosas que no vienen a cuento y mantengo una conversación constante conmigo misma. Y no sé si eso es bueno o malo. Intento encontrarle sentido a los domingos y concluyo en que éstos deben existir para algo. Para aburrirse, para odiar a los lunes, para girar los ojos hacia dentro o para hartarse de películas en el sofá. Cualquiera de estos motivos me sirve. Hoy me exijo poco y me dejo llevar. Ojeo el libro de guión de Jean-Claude Carrière y descubro dentro una carta de mi mejor amigo. Hago recuento con los dedos y tiene más de seis años. Me asombro del paso del tiempo y me visualizo con veinte años. Hoy voy de una cosa a otra y me regocijo en mi falta de concentración. Me he comprado una cazadora de cuero vacilona y salgo un rato a presumir por los callejones. Este domingo está siendo absurdo y no podía ser mejor. Apago la música porque me duelen las orejas. Pero no me quito los auriculares. Quiero escuchar al silencio como dios manda.
viernes 23 de enero de 2009
THE NIGHT WINDOW
Hoy es una noche cualquiera en la que todo me aburre. Me acuerdo de este rincón y me apetece refugiarme en él. En mi habitación las palabras vuelan por todos lados y de vez en cuando rescato alguna para jugar con ella. Pero me canso al rato y me hago un ovillo conmigo misma. Estos días ando un poco triste. Intento disimular pero creo que se nota. Sobretodo por la mancha diminuta que se ha instalado en el fondo de mis pupilas y que a ratos brilla y me descubre. Tengo un vacío por aquí dentro. Quizás mi corazón necesitaba unas vacaciones. O quizás es que hace frío. Miro hacia arriba y el cielo me intimida. Miro hacia ambos lados y no veo nada. Cuando era pequeña le preguntaba todo a mi padre. Y él me contestaba. Ahora no sé a quién preguntar. Tampoco encuentro las palabras. Ni me acuerdo de casi nada. La memoria es como un tiovivo o como una noria que a veces da muchas vueltas, otras se para, algunas gira muy rápido y otras va al revés. A mi me gustaría comprar una ficha y dar vueltas para siempre. Hoy me han regalado unos dados para saltar casillas. Y pienso que ojalá esta vida fuera un tablero y pudiera recorrerla a mi antojo. También me encantaría saber qué hacen todos cuando nadie les mira.
martes 30 de septiembre de 2008
SEPTIEMBRE
Vuelvo vuelvo. Pero es que a mí los sep-tiembres me sientan mal y me piden tiempo para arrancar. Acostumbro a dar demasiadas vueltas sobre mi propio eje y entonces me mareo constantemente. Pero al final casi siempre me salgo con la mía y este año, después de mucha reflexión y mucha duda, parece que voy dando pasos. Y tampoco escribo porque ando un poco aburrida. Éstos son días lentos y tranquilos que transcurren a ritmo de reggae. La semana que viene empiezo todo y luego echaré en falta el vagar de estos días. Mis mejores amigos han cruzado el charco y se funden con la tierra prometida. Trato de no echarlos de menos pero hay cosas en la vida que simplemente no son posibles. Me compro muchas botas y cuando ando las miro fijamente. Y trazo recorridos hipnóticos y escucho el ruido que hago. Y me pregunto que papel juego en el día a día de mi barrio. Si la pescadera piensa en mí cuando hace días que no aparezco. O sí el portero se pregunta de dónde vengo a las nueve de la mañana con el pelo enmarañado, yo que siempre voy tan pulcra. Si mi vecino argentino tiene ganas de que ponga el aire acondicionado para poder subir a quejarse del agua que gotea y sonreirme entre frase y frase. Me pregunto que pieza soy y de qué puzzle exactamente. En esas tonterías ando últimamente. Y escribiendo un cuentito sobre un cartero de sesenta años que un día recibe una carta anónima. Sin sello ni remitente. Y la mira y se asombra y piensa que es la primera carta de puño y letra que recibe en toda su vida. Mi padre me hizo esta foto hace veinticinco años. La semana que viene cumplo veintiséis y la suerte está más que echada.
jueves 7 de agosto de 2008
LAS VACACIONES
lunes 30 de junio de 2008
PASOS FIRMES
El calor me arrolla de tal manera que vacío mi armario y lo lleno de pantalones y de vestidos bien cortos. Una sensación flotante me envuelve y quién sabe si volveré a ser la misma. El gato de mi hermana anda como un tigre y puede que mi vida quepa en unas estanterías de madera robustas. No quiero volver nunca más al trabajo y me amenazo con una rabieta en la puerta del ascensor. Me da que nunca me lee nadie y después resulta que sí. Así que me sonrojo de golpe mientras un escalofrío asciende por mi espalda. Quiero escribir cartas como Sylvia Plath. Una por semana. Durante toda la vida. Necesito papel y pluma. Y un destinatario. Que viva muy lejos y que me lea con avidez. Y que me remita también. No tengo ganas de esperar las vacaciones. Así que en cualquier momento me compro una maleta de piel, me pongo unos pantalones de rayas y paro al primer taxi que pase. Y cuando pregunte a dónde. Le digo que al aeropuerto. Y cuando pregunte a qué país. Le digo que basta. Que me largo. Y que ya veremos si vuelvo. Luego me pongo unas gafas de sol, escondo el pasaporte en un bolsillo interior y envuelvo mi pelo con un pañuelo. Y en el aeropuerto me confundo con los centenares de viajeros que no tengo ni la menor idea de hacia dónde se deben dirigir.
jueves 12 de junio de 2008
SANGRE
Unos niños con bicicletas se repartían chicles de diferentes sabores. De fresa, de menta, y de sabores un poco más exóticos aunque todos querían los de fresa. Se comían muchos y hacían bolas y pompas enormes con las que pretendían volar. Luego tenían que escupirlos porque les dolían las mandíbulas. Empezaban a caer globos del cielo y todos corrían para cogerlos y ponerlos en las cestas de sus bicicletas. Después se montaban en ellas y se alejaban por el camino. Había un niño con dos globos en la cesta de delante y una niña un poco gorda sentada en la parte de detrás. Yo le decía a Pedro que seguro que se iban a caer. Y Pedro se reía y decía que eso es lo que más les gustaba y también hacerse heridas que no dolieran pero que saliera mucha sangre. Y me hubiera gustado coger una bici de esas y salir volando con las rodillas llenas de sangre. Y dejarlos a todos atrás con la boca abierta y esa mueca estúpida que ponen siempre. Y también me hubiera gustado sentar a Pedro detrás de la bicicleta y entonces perder el equilibrio y caernos hacia abajo donde hubiera otro mundo. Y olvidar que la vida es una carrera que cansa mucho y que te dan muy poca agua.(Extracto de la novela gráfica Quisiera dibujada por Alejo Levis y escrita por Marion Betriu)
miércoles 11 de junio de 2008
HAPPY END
Desayunamos y Prince me cuenta que según una científica de no sé que nacionalidad, a medida que el ser humano madura siente menos insatisfacción por las cosas. El motivo son ciertos procesos bioquímicos que se generan en el cuerpo. Supongo que uno se da cuenta de que la vida no es como se la imaginaba. Así que mejor tomárselo con calma y contentarse con menos. También decía algo así como valorar a través de la distancia y quitar importancias. Aunque no decía la edad en que uno empieza a madurar. Y es que a mi me pasa que el tiempo se pasea coquetamente a mi alrededor y cuando quiero tocarlo solo consigo apoderarme de algunas motas de polvo. Y entonces me ensucio las manos y me pica la nariz y luego estornudo. Estos días intento intervenir activamente en mi destino y sobreponerme al vértigo que eso supone. El calor empieza a apretar y mi abuela me dice que con los años se me ha alargado la cara. Y mientras lo dice me acaricia la barbilla lo cual me hace suponer que se debe tratar de algo bueno. Y a mi lo del sudor, si no apesta, me seduce. También ando aprendiendo escalada y juro que algún día voy a trepar la cima más alta. Y cuando esté ahí voy a inventar el beso más grande que exista y espero que Prince esté conmigo para regalárselo. Luego nos sentaremos con las piernas colgando en el vacío y confío en que unas letras de neón iluminen la secuencia.
martes 3 de junio de 2008
SIN PESTAÑEAR
Me muerdo la piel colindante de las uñas y miro las agujas del reloj. Llevo muchos días sin asomarme por aquí y supongo que hay mucho que contar. Pero pierdo la práctica y me quedo en blanco. En mi cabeza se cruzan millones de ideas al mismo tiempo y no consigo resolver. Por fin me cambio de casa y las ganas me nublan la vista. Pero lo de la acumulación es una tortura innecesaria y empaqueto mis cosas a tientas. Intento deshacerme de los pantalones de campana y de las cintas de VHS pero no está siendo fácil. Ahora solo queda cambiar de trabajo y observar el nacimiento de un nuevo ciclo. Cuando eso ocurra habrá que reflexionar más. Últimamente ando con menos miedo y al mínimo despiste pienso atraparlo, pisotearlo y comérmelo con cuchillo y tenedor. Decido radicalizar mi alimentación porque este mundo está lleno de porquería y sueño con poder recuperar mi tono de piel en cuanto deje de mirar esta pantalla de ordenador ocho horas al día. Porque cuando me miro en el espejo me horroriza mi rostro grisáceo y mi pelo electrizado. La verdad es que si pudiera andaría dando brincos todo el día. Como el perro de Prince que, con una sola caricia, se vuelve loco de alegría. Hoy es martes y siento como el verano se abre a mis pies y solo soy capaz de escribir que ahora lo que más me apetece hacer es volar.
jueves 24 de abril de 2008
AUSENCIA
La astenia primaveral planea sobre mí y me cubre de gloria. Cada día amanezco con más sueño y con los glóbulos oculares más enrojecidos. Luego me pasa que me olvido. De lo que tengo que hacer. De lo que me acaban de contar. De lo que me piden. De lo que quiero. De lo que dicen. De lo que digo. Me olvido de todo y casi no recuerdo nada. Y si hago esfuerzos lo que consigo es obtener recuerdos tergiversados. Y entonces quizás ya no sirvan. Me noto ausente la mayor parte del tiempo y eso es algo que no soporto. Y la lista de cosas a pensar incrementa cada día. Pero los inicios y los cambios me producen ataques de pánico. Así que no hay manera. Me entretengo para no pensar y listos. El chico tímido ahora se llama Prince y aunque está un poco enfadado conmigo me regala la rosa más bonita del mundo. Y es que a ratos consigo ser tan estúpida que me daría un buen guantazo en la mejilla. De esos que duelen. La verdad es que la primavera nos tiene bien revoloteados y la semana que viene nos vamos a París. Y allí sí que no voy a olvidarme de nada y soplaré mis deseos al viento. Y, depende de cómo, me quedo allí, me compro una boina y dios dirá.
sábado 12 de abril de 2008
UN IMPERIO
Mi abuelo es un hombre inteligente y fuerte, de rasgos duros, tez blanca, nariz judía, más de noventa años y razonables ganas de morir en paz. Que toda una vida guerreando merece un buen final. Anochece y sostengo su mano entre las mías y cuando cierra los ojos parece un cadáver tranquilo y hermoso. Casi perfecto. Mi abuela es otra guerrera, de nariz prominente, pantalones de aventuras, mirada inquisidora, nervio interno y corazón caprichoso. No piensa dejar que mi abuelo se vaya a ningún lado sin ella. Toda una vida juntos para que le dejen a una en la estacada casi al final. Se enfada y se enfurece y no piensa rendirse. Que a estas alturas lo de la soledad no es justo ni legal. Le da golpecitos y le grita demasiado alto para que no se duerma. Y mi abuelo, que sabe que el amor lo es todo, saca fuerzas de donde no le quedan y abre los ojos una vez más. Me suelta la mano de un golpe y siento una descarga eléctrica. Me dice que no le toque más porque todo se contagia. Y yo miro a mi alrededor y veo la muerte escondida en esa esquina sin atreverse a levantar la guadaña. Y de repente desaparece y me pregunto cuanto tiempo tardará en volver. Miro por la ventana ese paisaje tan conocido y solo entreveo futilidad. Una especie de dolor se instala en mi barriga para el resto del día y luego me juro no volver a preguntarme sobre el sentido de la vida nunca más.
viernes 4 de abril de 2008
INSOMNIA
Avanza el tiempo y no hago más que correr detrás de él tratando de mantener el peso en ambos pies. Pero las cosas se me caen todo el rato y me despeino desde el principio. Me digo que tengo que respirar un poco más pero no hay manera. Estos días el tambaleo se sienta a mi lado y no pienso darle la culpa a nadie. Aunque solo hace falta echar un vistazo para darse cuenta de que el mundo se está volviendo medio loco y que esto es un torbellino que devora como un comecocos. Y que el trabajo consume y el dinero angustia. Me pregunto como hubiera sido si viviera en el mundo original porque aborrezco ser tan fruto de esta sociedad y de este tiempo. Mañana espero poder agarrar la mano del chico tímido y no soltarla hasta el amanecer. Y lo que queda de hoy voy a pasarlo fijada en este punto de la pared que lleva toda la tarde mirándome. La semana que viene me subiré a la parte más alta de la ciudad y trazaré un buen plan. Y, por favor, que la música nunca deje de sonar.
lunes 24 de marzo de 2008
ABCD
domingo 9 de marzo de 2008
FAMILIAS
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